WhyWi : 02/02/2010-
Claroscuros del mobile browser
Por Nicolás Falcioni
Una de las incógnitas más persistentes del mundo móvil sigue siendo si esa entidad difusa que llamamos "el futuro" del consumo de los servicios y contenidos, se dará más bien en forma de aplicación, o desde el browser de los dispositivos conectados a la red.
Para las grandes marcas y medios de comunicación, esta duda proyecta una enorme de incertidumbre a la hora de encarar una estrategia, sobre todo pensando en el llamativo crecimiento de los smartphones en los dos últimos años. Aunque ambos canales no se excluyen, a veces dar un primer paso exige optar entre uno u otro.
Es difícil negar el éxito de la "vía app". Ahí están las 3000 millones de aplicaciones descargadas del App Store como prueba. Las aplicaciones proporcionan una experiencia de usuario mucho más rica que el browser. Una vez instalada, permite acceder al corazón del dispositivo, y habilita posibilidades que el browser no podría siquiera soñar, como gráficos animados, integración a guías cuyo contenido ya está descargado, información compartida vía GPS, etc.
Pero los defensores del navegador (en general, empresas que tienen plataformas para la generación rápida de portales Wap, o con una fuerte presencia en internet) tienen sus argumentos de peso. Algunos más nuevos que otros.
Los de siempre apuntan a indicar que hoy casi todos los teléfonos, inteligentes y no tanto, vienen equipados con un browser para acceder a internet. Pero cuando se menciona la mayor penetración de los browsers, se la piensa frente a aplicaciones complejas y pesadas, sólo soportables por un smarphone como el iPhone. Habría que considerar aplicaciones livianas, que puedan descargarse en celulares normales.
Otro argumento contra las aplicaciones es la fragmentación de los sistemas operativos (iPhone, Blackberry, Android, Symbian, Windows Mobile, etc.). Si la idea es llegar a todos los usuarios, esa heterogeneidad aumenta los costo de desarrollo. Pero tras la diversidad hay un nuevo argumento que los promotores del browser toman a su favor: la autonomía.
Una vez que se encaró el gasto de construir una aplicación para cada OS, el propietario del contenido está preparado para comercializarlo. Pero aún debe enfrentar las políticas de admisión de los retails donde se descargan y venden esas aplicaciones. Unos son más liberales que otros, pero todos los dueños de las tiendas (App Store, Android Market, Marketplace, etc) inciden en los precios y la promoción de los productos (las discográficas pueden dar buena cuenta de esto último).
En cambio desde el navegador (siempre según sus defensores) los servicios están disponibles en cualquier lugar, en cualquier momento y para cualquier sistema operativo. Lo que no tienden a mencionar es cómo, en este mundo de todo en la nube, se hace efectivo el cobro. O dicho en los propios términos de la industria: cómo el publisher gestiona el billing de sus activos.
Porque no todos están en condiciones de montar el modelo de negocios de Google, con servicios gratuitos solventados en publicidad (y menos comprar AdMob!).
***Material impreso de Movilion.com***