
Retos del desarrollo latino
Parece estar cumpliéndose lo que muchos desarrolladores de aplicaciones móviles de la región venían anticipando, esto es: que no hay un espacio claro para ellos en el actual modelo de negocios, que no encuentran el apoyo necesario, y que sin embargo, en algún momento el ecosistema los va a necesitar para consolidarse. Ahora algunos agregadores y empresas especializadas en la distribución de licencias dicen tener que buscar afuera (Europa, Estados Unidos y Asia) muchos productos móviles (sobre todo en el segmento juegos, que es el más complejo) porque en Latam no encuentran un proveedor que cumpla con las exigencias de calidad y look and feel que necesitan. Cosa distinta son otros players como Gameloft o Glu Mobile, pero ellos están más allá del fixture local. Y ahí el punto no es tanto el desarrollo sino la administración de licencias (básicamente cinematográficas) para esta pantalla. Las dificultades tienen un frente tecnológico y otro comercial. En relación a este último, Marcela Carbajo, de Movilgate, comenta que los desarrolladores de Java pequeños (impulsores de creatividad que el negocio podría aprovechar), siguen yendo directamente a los operadores. No tanto porque especulen con evitar el pago de una comisión, sino por simple desconocimiento. Lo que reciben después de tocar (insistentemente) esas puertas, es una lista de integradores y el consejo de empezar por ir a verlos. “Debemos estar mal publicitados”, es la reflexión de Carbajo. En cuanto a lo tecnológico, el problema es global, y quien lo describe bien es el consultor Michael Mace. “A finales de los 90 sólo teníamos que preocuparnos de dos plataformas: Pocket PC y Palm OS. También estaba Symbian, pero poca gente le prestaba atención. Ahora existen al menos 10 plataformas. Microsoft por sí sola tiene varias”. Y ni hablar de la fragmentación de Java. El segundo problema técnico es la homologación. “Alrededor de los dispositivos se están levantando barreras antes impensables –dice Mace-. Ahora hay que homologar el programa con el sistema operativo y con cada operadora, y eso cuesta miles de dólares. Además, la tasa de adopción de las aplicaciones móviles bajó. O sea, hay que pagar más para vender menos”. Mace cree que parte del error fue esforzarse en hacer aplicaciones elegantes, optimizadas únicamente para la informática móvil, olvidando su viabilidad comercial. “Resolvimos cómo alargar la duración de las baterías; encender los equipos en segundos; ahorrar el precioso ancho de banda inalámbrico; sincronizar con dispositivos repartidos por el planeta y optimizar la presentación de los datos en una pantalla mínima; pero ignoramos cómo ayudar a los desarrolladores a ganar plata”. Frente a esta situación, surge una plataforma alternativa: la Web. “Es difícil imaginar una arquitectura informática menos apropiada para el uso a través de redes celulares de datos, pero tiene un modelo de negocio que barre todos los obstáculos”. No hay que pedirle permiso a las operadoras, ni homologar con los fabricantes". Claro que en Latinoamérica el paso de las aplicaciones nativas a las aplicaciones Web tiene algunos obstáculos que en mercados maduros como Estados Unidos empiezan a diluirse. En primer lugar, acá el parque de dispositivos sigue teniendo browsers precarios, algo que el iPhone y la nueva generación de aparatos tienden a modificar. El otro tema son los costos de navegar la Web móvil. Mientras en Estados Unidos la tendencia hacia las tarifas planas es clara, en nuestros países esos costos son altos y los usuarios siguen temerosos de largarse a navegar tranquilos. A todo esto, los desarrolladores locales quedan a medio camino entre las incertidumbres de un modelo (aplicaciones nativas) y la inconsistente masividad de otro (aplicaciones Web). Nicolás Falcioni |
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